Hemos visto en el anterior post que la literatura de autoayuda nace como un epifenómeno de la gran transformación industrial y tecnológica de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, y que sus propagandistan fueron en un principio exitosos “self made men”. Pero pronto el género es abrazado de un modo entusiasta por educadores, filósofos, conferencistas, publicistas, moralistas, y académicos de diversa índole aunque predominantemente de las ciencias comerciales. El credo que estos precursores, en gran medida anglosajones y norteamericanos se esfuerzan en difundir, se apoya en pilares tales como:
- la autoaserción, y la confianza en sí mismo y las propias potencialidades;
- la capacidad de asumir riesgos, si se aspira a escapar de una insulsa medianía; la búsqueda de una superación y nivelación hacia arriba, como contrapropuesta de la nivelación hacia abajo y masificación interesada que entreveían en el naciente e hirsuto socialismo de la época;
- la capacidad para evaluar con claridad los pros y los contras de una situación, y tomar decisiones rápidas;
- el talento para darse a conocer y demostrar las propias capacidades o las ventajas del producto o servicio ofrecido, y la aptitud para lograr cosas que se diferencien del común y lo amontonado;
- el valor de la propia empresa, y del emprendimiento personal como antítesis del trabajo rutinario en relación de dependencia;
- la perseverancia en la persecución de los propios objetivos;
- el valor de la asociación con personas afines y moralmente valiosas, y la capacidad de ganarse sanas amistades con las que compartir proyectos y sueños.
Junto con el enunciado de esos objetivos, los primeros maestros de la autoayuda nos proponen hábitos y recursos basados en el sentido común y una cierta moral laica, -nada desdeñable en estos actuales y amorales tiempos-, para lograrlos. Veamos algunos útiles ejemplos:
INCIDA EN SUS PUNTOS FUERTES: todos tenemos talentos y habilidades que compensan nuestras falencias y debilidades. La tarea radica en saber identificar esos puntos fuertes de nuestra personalidad, para sacar de ellos el máximo provecho, así como reconocer nuestros puntos débiles y tratar de mejorarlos. En cuanto pueda, especialícese y hágase fuerte en una rama del conocimiento, comercio, industria, oficio o profesión que haya decidido ejercer, y en la que sienta que puede ofrecer algo mejor que el promedio.
APRENDA A TOMAR DECISIONES CON RAPIDEZ, Y ASUMIR RIESGOS EN FORMA CALCULADA: el mundo vertiginoso en que vivimos exige muchas veces tomar decisiones rápidas y precisas. Esto causa angustia y estrés. A fin de evitar esa angustia y tensión, una de las técnicas ya aconsejadas por los primeros maestros de la autoayuda es la de la “doble columna”. Frente a un problema, una decisión difícil, tome una hoja grande de papel, y trace una línea vertical en el medio, formando así dos columnas. En la derecha anotará los “pros”, y en la izquierda los “contras”. Una vez que lo haya hecho, notará que en cada columna habrá factores esenciales por su importancia: subráyelos o reálcelos de algún modo. Ahora sopéselos, atribúyales incidencia, peso, y valor. Una vez que tenga bien en claro el panorama, con plena exposición de ventajas y riesgos, tome su decisión. Cualesquiera que sean los resultados finales de una decisión así tomada, podrá estar seguro de que no habrá sido el fruto de un impulso momentáneo, un momento de obnubilación, o de fantasías sin sustento.
DÉSE A CONOCER: en el mundo moderno la publicidad es un gran motor; considere la posibilidad de usarla en favor de los bienes o servicios que usted produce. Pero aún si sus limitados medios actuales no le permiten acceder a esa publicidad comercial, utilice sus contactos y relaciones institucionales para darse a conocer y difundir sus ideas. En ciertos medios profesionales las revistas y publicaciones institucionales, y los eventos sociales son un medio casi necesario para darse a conocer, así que no deje de colaborar con ellas siempre que le sea posible.
ASÓCIESE: si usted aspira a poner en marcha un proyecto de cierta trascendencia, recuerde que necesitará ayuda y colaboración. Así que ponga su atención en encontrar personas afines, hágalas partícipes de su entusiasmo, y asócielas en un emprendimiento común. de más está decir que este proceso implica un buen conocimiento de los otros, porque una buena asociación supone una selección y una elección, y ninguna de las dos debe hacerse a tontas y a locas. Más adelante veremos cómo otras escuelas de autoayuda se han abocado a este gran campo del conocimiento de los demás y las relaciones humanas. Y hablando de asociarse, no olvide que, si es usted casado/a, lo mejor que le puede suceder es que su cónyuge lo acompañe, desde el lugar de sus posibilidades, en el desarrollo de su proyecto. Las estadísticas modernas comprueban lo que ya sabía el sentido común de estos maestros precursores: que los patrimonios más sólidos han sido amasados, conservados, e incrementados con el respaldo de una familia estable, y un matrimonio en armonía.
LECTURAS RECOMENDADAS: Como paradigma de estos aportes a las técnicas de autoayuda he seleccionado a Herbert N. Casson. Algunos de sus libros se encuentran en bibliotecas on line como www.archive.org, pero su obrita quizá más estimable es “Thirteen tips on luck”, editado allá por los años 1920′s por The Efficient Magazine (London). Es casi inhallable, aunque quedan dos ejemplares en Amazon. Muchas de sus obras fueron editadas en España, y alguna vez han pasado por mis manos; hoy sólo pueden ser rastreadas en alguna cueva bibliográfica de las que van quedando pocas en Buenos Aires. Les he seleccionado algunas citas tomadas del mencionado libro, como para que saboreen su gracejo pocas veces igualado por los autores modernos:
“Antes de poner dinero en una empresa, por ejemplo, usted debe estudiar sus prospectos. Debe averiguar qué dividendos ha logrado durante los últimos tres años. Debe averiguar la cotización de sus acciones. Debe averiguar si es una compañía auténtica, o un simple artificio contable. Debe saber algo acerca de las personas que están detrás de ella: ¿son artífices del dinero, o sólo zoquetes con título?”
“La mitad de la suerte está hecha de información. Pregúnteles a los brokers de la Bolsa. Ellos saben lo que es la suerte. Ellos juegan, pero lo hacen con inteligencia. Se dejan guiar por la información tan lejos como puede llevarlos, y recién después confían en la suerte. Saben que la suerte no es un sustituto para el conocimiento. Estudian bien cuáles son las probabilidades antes de invertir su dinero.”
“Cuanto mejor informado está usted, menos competidores tiene. Si usted está entre el común de la gente, las probabilidades van en su contra. Si usted no es en alguna medida excepcional, su chance de salir adelante en el mundo es muy pequeña. Si usted quiere tener suerte, debe tratar de salirse de la multitud. La multitud, como tal, nunca tiene suerte. Como lo sabe cualquier levantador de apuestas, el caballo favorito raras veces gana. Si los favoritos ganaran las carreras casi siempre, no habría levantadores de apuestas.”
“La suerte llega a menudo cuando se saben tomar oportunidades. Esas oportunidades están todo el tiempo a nuestro alrededor. Casi toda persona está en presencia de oportunidades que no ve. De hecho, muy pocos de nosotros hemos llegado a ver todas las posibilidades de nuestros propios empleos.”
“Como una vez le oí decir a un viejo negro: “Chico, si tú quiés conseguí dinero, debe’ í aonde se consigue”. Algunas personas parecen estar ocultas de modo que la suerte no puede encontrarlas. Muchos hombre capaces viven en pueblos que sólo vegetan. Mejor harían en irse a otra parte. De otro modo, al final el pueblo los anulará. (…) Es más fácil ir hacia el mundo, que hacer que el mundo venga hacia nosotros. No somos objetos inmuebles. Somos criaturas en movimiento. Nunca ha sido más fácil mudarse al sitio adecuado como lo es hoy en día. (…) Por supuesto, una persona debe asegurarse primero de que está haciendo las cosas lo mejor que puede allí donde está. Los campos lejanos parecen siempre más verdes. El defecto puede estar en sí mismo, y no en el medio que lo rodea. Pero cuando se está seguro de que se está descolocado, uno debe moverse. Debe tratar de moverse, sea a otro trabajo dentro de la misma empresa, o a otra empresa, o a otra ciudad, o a otro ramo de actividad.”
“Cuantas más cosas sabe una persona, más posibilidades le da la suerte. Esto parece bastante simple, pero muy pocas personas se dan cuenta de ello, hasta que ya es demasiado tarde. Habitualmente, cuando una persona tiene más de 60 años, cuando ya es miembro del Club de los “si yo hubiera hecho…” se da cuenta por primera vez de todo lo que ha perdido por no tener el conocimiento adecuado en la oportunidad adecuada.”
“En la mayoría de las cuestiones, cada persona debe escribir su propia Declaración de Independencia. Debe coincidir con los demás hasta el debido límite. Debe acompañar a la multitud en tanto vea que ésta coincide con su camino. Pero no debe atarse a la multitud. (…) En otras palabras, tenga su propio propósito. desarrolle sus propias ideas. Tenga un proyecto, y trabaje en él. El hombre más feliz del mundo es el que tiene un sueño y consigue hacerlo realidad.”
“La codicia no paga dividendos. A la larga, trae pérdidas. Muy a menudo el hombre que convierte su dinero en un dios comete algún error por codicia que lo lleva a perderlo todo. Es una ley de la vida que cuando un hombre tiene poder, sea derivado del dinero o del talento, deba usarlo para beneficio de los demás tanto como para el propio. Si no lo hace, está predispuesto a perderlo.”