Con esta frase, acuñada en el habla popular rioplatense por haber sido muchas veces empleada por un famoso contorsionista argentino que hizo del faquirismo su modo de vida, un periodista, también argentino ironizaba acerca de la proliferación de pseudoparapsicólogos y videntes que pululaban en nuestro medio en la década de los 1990′s. ¡Puede fallar…! Es una irónica verdad que recuerda que, aún en los campos más seguros del pensamiento humano, las cosas pueden no salir como era de esperarse: por ejemplo, las previsiones pueden resultar completamente descaminadas, o parecer imposibles de hacer. Es más o menos lo que me pasó a mí con la predicción de la persona sobre la que recaería la designación papal, y que hoy sabemos que escogió la persona del cardenal Jorge Bergoglio, hoy Papa Francisco (I). Pero lo que me resulta más lamentable, es que tuve en mis manos, con toda claridad, la respuesta del I-Ching…pero mis prejuicios no me permitieron verla, aunque la tenía delante de la vista. ¡Qué buena ocasión hubiera sido para demostrar la superioridad indudable de este método mántico para explorar los juegos de grandes fuerzas en los ámbitos del poder!… Pero ¡puede fallar!, y en este caso debo reconocer, con tristeza, que la falla fue solamente mía, y debida a mis prejuicios, que me impidieron leer correctamente el mensaje oracular del Libro de los Cambios. Bien decía uno de mis maestros en la profesión con la que me gané la vida, que “…aprendemos muchísimo más de nuestros errores, que de nuestros aciertos…”
Mi gran error, en este caso, consistió en haberle adjudicado mucho más peso a la opinión de los especialistas vaticanólogos, que a los signos objetivos del texto oracular. Como Ustedes pueden imaginarse, al comenzar el cónclave tracé un hexagrama bajo la pregunta: “¿Qué característica importante permitiría identificar al futuro Papa, de entre los numerosos posibles candidatos?
Naturalmente, no era posible conocer a grandes rasgos las características salientes de 115 candidatos teóricos, así que tenía que reducirme a los que los entendidos identificaban como “papables”. Quedaban, pues, reducidos esos candidatos a una docena, según una infografía largamente distribuída en los medios de prensa. En esa docena, sólo aparecían dos latinoamericanos: Leonardo Sandri y Odilo Scherer. Ocasionalmente se hablaba de la posibilidad de Jorge Bergoglio, pero se hacía hincapié en su edad relativamente avanzada como un inconveniente dirimente. En efecto, los comentarios de la prensa más informada, la europea, apuntaban a dos características que debería tener el futuro Papa: una relativa juventud (para que no le sucediera como al Papa renunciante), y una gran familiaridad con la problemática más urgente de la Iglesia, que tenía lugar en el hemisferio Norte (cuestiones financieras, la Curia, los grandes juicios por inconductas penales de algunos clérigos). Fue en este contexto que tracé el hexagrama, y traté de adivinar quién sería designado Papa….¡y aunque la respuesta era clara, y la tuve delante de mis narices, no la ví! No la ví, porque cometí el error de dejarme llevar por los anteriores prejuicios: que el candidato estaría en esa docena de notables, que sería relativamente joven, y que debería haberse fogueado en las cuestiones de la Curia romana. ¡Craso error! La respuesta del oráculo era de una fuerza gráfica muy elocuente, y de no haberme dejado influenciar por los prejuicios periodísticos, podía haberla leído correctamente, y haberme anticipado a los hechos como en anteriores oportunidades.
Al formar el hexagrama en relación con mi pregunta acerca de la característica que permitiría señalar al futuro Papa, recibí un hexagrama acerrojado, cuya lectura del dictamen, hecha sobre el original chino, daba una clarísima respuesta. Sí, clarísima…suponiendo que mi mente consciente no hubiera estado atiborrada con la equivocada información de litros de tinta volcados en la prensa europea considerada la mejor informada sobre los enredos vaticanos. Pero lamentablemente no fue así, y no logré conciliar el oráculo con los datos acerca de los doce “candidatos” de las infografías de los diarios y medios de prensa. Así que decidí desistir, y abstenerme de hacer una previsión en un post, como suelo hacer con otros acontecimientos mundiales. ¡Qué pena!, perdí la oportunidad de darles la primicia a mis lectores, con varios días de anticipación.
Pero como alguna utilidad tengo que obtener de ese hexagrama premonitorio que -por distraerme con las opiniones de la prensa mundial no supe interpretar oportunamente- , les propongo a Ustedes que adivinen cuál fue el hexagrama cerrado o acerrojado que obtuve, y por qué su lectura objetiva y simbólica habría señalado al entonces Cardenal Bergoglio como el futuro Papa. Me comprometo a publicar en este blog la lectura correcta que hayan hecho quienes acierten, y además dar a conocer a sus autores, si así lo desean (pueden usar seudónimos, naturalmente). Y por qué no, también los demás intentos de resolver el enigma, aunque no coincidiesen con el hexagrama que obtuve personalmente.
Les doy cuatro pistas de ayuda:
- el hexagrama salió acerrojado (sin líneas móviles)
- el dictamen hace referencia a una posición “política” del personaje, que era conocida en general por los argentinos regularmente lectores de la prensa preriódica local.
- la respuesta es mucho más fácil de encontrar en los ideogramas del original chino; en las versiones occidentales viene muy enmascarada.
- es necesario apartarse de la lectura puramente convencional del texto del título y dictamen del hexagrama, ahondando en el significado primitivo y gráfico-simbólico de sus ideogramas componentes.
No es fácil, si se es principiante, debo advertirlo. Pero igual…¿Se animan a opinar? Hagan sus comentarios directamente en la ventana de correo del blog.