Archivo de 2 abril 2009

Cuento chino II

abril 2, 2009

Del Cuento Chino I me ocupé en una carta de lector que el diario Clarín destacó como editorial, cuando todos los medios estaban intoxicados con la historieta de que China compraría la deuda externa argentina, para financiárnosla amablemente…  ¿Se acuerdan?… Por supuesto que yo de altas finanzas sé tanto como Ubú Rey; pero si de macroeconomía y finanzas internacionales no sé nada, algo de chinos entiendo: aunque sea lo suficiente para no comulgar con ruedas de molino, y prevenirme de  caer en la gilada en la que se embarcaron garbosamente muchos de nuestros destacados hombres de estado,  politólogos, y profesores de economía.

Lo repetiré una vez más: los chinos a lo mejor son comunistas: pero de ahí a ser tontos…

Todavía me acuerdo del desgarrador espectáculo del chino llorando desesperado mientras una horda de vándalos saqueaba impunemente su supermercadito. Yo lo ví en las cámaras de televisión, una y otra vez. Millones de chinos también lo vieron. Yo no olvido ese vergonzoso y deleznable espectáculo de impunidad y barbarie; los chinos seguramente tampoco. Naturalmente, y como lo indica la etiqueta confuciana desde tiempos remotos, sonreirán, sonreirán siempre…

Ahora me hablan de swaps, y los hombres sabios me explican que se trata de una doble cuenta dineraria, en pesos y en yuanes, destinada a puentear a los escasos y esquivos dólares. Entonces me pongo a rememorar, y me parece recordar que esto no es nada nuevo, y que ya lo hizo Alemania en la primera postguerra. Se trataba de poner los productos alemanes al alcance de las demás naciones, evitando el circuito de la libra esterlina y demás monedas fuertes de aquél entonces. Se trataba, por supuesto, de vender industria alemana, altamente calificada, y obtener a cambio toda la materia prima que fuera posible. Servía para intercambiar, aunque, por supuesto, la idea era esencialmente vender. La idea era ingeniosa, y sin duda desafiante para las monedas líderes, que se veían puenteadas o circumvueltas. Sobre todo ingeniosa para la parte dominante del binomio, la industrializada Alemania. Para las otras partes, poco cambiaba en el negocio, como no fuera salirse del círculo asfixiante de las codiciadas monedas líderes.

Pasando a nuestra realidad, a mí me parece que este “novedoso” artificio puede ser interesante, si nos sirve para adquirir necesarios bienes de capital y servicios competitivos. Pero si va a servir para vendernos muñequitos de pacotilla, o tecnologías inferiores a las escasas pero arraigadas locales…yo diría que estamos ante un Cuento Chino II, del que nadie, transcurrido algún tiempo se querrá acordar, igualito que el Cuento Chino I, ¿vió?…

Mêi-guó , Zhong-guó… Los hermosos EE.UU. y la autorreferencial China…

abril 1, 2009

El País Hermoso (Estados Unidos), y el País del Centro (China)… No crean que me he vuelto adulador de la gran nación de Norteamérica: simplemente traduzco del chino, y desnudo lo que subyace en su inconsciente colectivo.  El idioma chino es un idioma picoanalítico; siempre les digo a mis amigos psicoanalistas que se beneficiarían mucho estudiándolo. Ayuda a ver el mundo desde un ángulo distinto del de nuestra tradición grecolatina con su ordenada sistemática de raíces y arborizaciones morfológicas.

Estados Unidos  y China: no podría ser mayor el contraste entre una nación jovencísima y otra varias veces milenaria.  Y sin embargo, corre subterráneamente entre ellas un mutuo encanto, del que dan testimonio las Chinatowns de Nueva York y San Francisco. Por suerte, porque no podemos engañarnos: EE.UU. es la locomotora del mundo, y China su fogonero. Se necesitan el uno a la otra. No por nada los ojos del mundo están fijos en estos dos protagonistas de la reunión del G-20. Los dramáticos acontecimientos de lo que ya se conoce como la gran crisis financiera del 2008 nos dieron  conocer a nosotros, los legos en la materia, que China es el más importante tenedor de bonos del tesoro norteamericano. Claro: los chinos son comunistas (o al menos eso creen ellos), pero no son tontos. Como muchos de nuestros intelectuales de las izquierdas rococó, escriben con la izquierda, pero atesoran con la derecha. Y atesoran bonos del estado americano, porque en el Mêi-guo encuentran la solidez institucional y la confiabilidad que necesitan. Las declamaciones pomposas y demagógicas, rezumantes de reivindicación y heroísmo, las dejan para los latinoamericanos: ellos compran “american“.

Por eso, de ahora en adelante habrá que estar muy atentos al minué que bailen estos dos colosos mundiales, y en cualquier espacio dedicado a China no podrá faltar el análisis del devenir de estas cruciales relaciones. China parece haber arriesgado la idea de reemplazar al dólar como moneda líder mundial por otro signo abstracto contable, similar a los DEG (derechos especiales de giro). No es de extrañar; como toda civilización de trasfondo campesino, siempre se mostró proclive a la moneda de cuenta metálica, en su caso, históricamente, la plata. Como la vuelta al patrón metálico ya no es posible, dada entre otras cosas la magnitud de los intercambios internacionales, lo más parecido parecería ser un “mix” de monedas fuertes. Pero no nos dejemos engañar por las chinerías: China, la caprichosa (como alguna vez la denominó cariñosamente Carl Crow) podrá histeriquear un poco, pero sabe que sólo en unos Estados Unidos fuertes y confiables puede reposar su tremenda capacidad de ahorro.


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