Cuento chino II

Del Cuento Chino I me ocupé en una carta de lector que el diario Clarín destacó como editorial, cuando todos los medios estaban intoxicados con la historieta de que China compraría la deuda externa argentina, para financiárnosla amablemente…  ¿Se acuerdan?… Por supuesto que yo de altas finanzas sé tanto como Ubú Rey; pero si de macroeconomía y finanzas internacionales no sé nada, algo de chinos entiendo: aunque sea lo suficiente para no comulgar con ruedas de molino, y prevenirme de  caer en la gilada en la que se embarcaron garbosamente muchos de nuestros destacados hombres de estado,  politólogos, y profesores de economía.

Lo repetiré una vez más: los chinos a lo mejor son comunistas: pero de ahí a ser tontos…

Todavía me acuerdo del desgarrador espectáculo del chino llorando desesperado mientras una horda de vándalos saqueaba impunemente su supermercadito. Yo lo ví en las cámaras de televisión, una y otra vez. Millones de chinos también lo vieron. Yo no olvido ese vergonzoso y deleznable espectáculo de impunidad y barbarie; los chinos seguramente tampoco. Naturalmente, y como lo indica la etiqueta confuciana desde tiempos remotos, sonreirán, sonreirán siempre…

Ahora me hablan de swaps, y los hombres sabios me explican que se trata de una doble cuenta dineraria, en pesos y en yuanes, destinada a puentear a los escasos y esquivos dólares. Entonces me pongo a rememorar, y me parece recordar que esto no es nada nuevo, y que ya lo hizo Alemania en la primera postguerra. Se trataba de poner los productos alemanes al alcance de las demás naciones, evitando el circuito de la libra esterlina y demás monedas fuertes de aquél entonces. Se trataba, por supuesto, de vender industria alemana, altamente calificada, y obtener a cambio toda la materia prima que fuera posible. Servía para intercambiar, aunque, por supuesto, la idea era esencialmente vender. La idea era ingeniosa, y sin duda desafiante para las monedas líderes, que se veían puenteadas o circumvueltas. Sobre todo ingeniosa para la parte dominante del binomio, la industrializada Alemania. Para las otras partes, poco cambiaba en el negocio, como no fuera salirse del círculo asfixiante de las codiciadas monedas líderes.

Pasando a nuestra realidad, a mí me parece que este “novedoso” artificio puede ser interesante, si nos sirve para adquirir necesarios bienes de capital y servicios competitivos. Pero si va a servir para vendernos muñequitos de pacotilla, o tecnologías inferiores a las escasas pero arraigadas locales…yo diría que estamos ante un Cuento Chino II, del que nadie, transcurrido algún tiempo se querrá acordar, igualito que el Cuento Chino I, ¿vió?…

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