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Un editorial de “La Nación” casi esotérico, que nos recuerda la creencia china en el “Tian-Ming”

mayo 20, 2008

En la sección editorial del matutino “La Nación” de este 20 de mayo de 2008, leemos el siguiente artículo, titulado “Conjuro de niebla, humo y ceniza”:

“Desde el fin del estío, el país se ha visto asediado por inusitados fenómenos, algunos de origen natural y otros provocados por la acción humana, que originaron graves accidentes y malestar general. Como si se tratara de una súbita sucesión de plagas, primero fue la niebla, que cubrió las rutas en el comienzo del otoño; luego, el fuego de los pastizales, que se extendió en las islas del delta paranaense, oscureció el cielo, impidió la visión del tránsito en los caminos y afectó los ojos y la respiración de muchos y, finalmente, las cenizas volcánicas que despide el Chaitén en el sur cordillerano, con perjuicios muy serios para las poblaciones de la Argentina y de Chile.

Cada uno de estos asedios tuvo sus efectos destructivos que empezaron por los choques automovilísticos en cadena de los días de marzo, a causa de la mala visibilidad, sumados a la irresponsabilidad o a la demora en suspender el tránsito en caminos en que era desaconsejable circular. Por una razón u otra, el país se estremeció al tomar noticia del número de víctimas y personas afectadas. De cada uno de los fenómenos que nos abrumaron se aguardó que la naturaleza les pusiera fin, por medio de lluvias o cambios en la dirección del viento, porque sus dimensiones sobrepasaron la acción humana o porque las autoridades demoraron en reaccionar.

En esos sucesos, el público ha ido aceptando desgracias e inconvenientes como infortunios determinados por causas muy precisas. Por ejemplo, la niebla se suele explicar como un efecto provocado por las nubes bajas que tocan la tierra. Las nubes están compuestas de agua en suspensión. Este fenómeno es común durante el otoño en algunas regiones bajas.

Si se quisiera rastrear en los contenidos simbólicos que las antiguas culturas, a través de leyendas, mitologías e historias religiosas, fueron decantando a propósito de esos fenómenos, otra hubiera sido la significación acordada a los sucesos vividos y se habrían enriquecido las premoniciones elaboradas.

De ese modo, la niebla habría sido interpretada como lo indeterminado, lo incierto que precede a otra etapa de la vida, pero que -mientras dura- no permite ver lo que sigue, aunque esté próximo.

El humo, vinculado con el fuego y el aire en relación con la antigua teoría de los cuatro elementos, simbolizaría la fugacidad de las cosas y representaría, a la vez, la vanidad y la altanería, significado que se ha trasladado a una frase corriente: “se le subieron los humos”. También se emplea ese término para expresar un rapto de agresividad: “se le fue al humo”.

Las cenizas, por fin, simbolizan la disolución de los cuerpos y, religiosamente, han marcado el tiempo de la purificación, la penitencia, el ayuno y la preparación cuaresmal.

Niebla, humo y cenizas se han sucedido ante la captación inquieta de los argentinos. Si se dejan transitoriamente a un lado los conceptos que objetivamente describen en qué consisten dichos fenómenos, encontramos que subyacen otros significados.

De su conjunción brota algo así como la gran metáfora que nos han proporcionado los días vividos: un tiempo oscuro, indeterminado, en el que emerge la soberbia, todo lo cual anticiparía la necesidad de una penitencia depuradora.

Resulta tan interesante como atípico que desde la cátedra de este prestigioso diario se haga un enfoque  esotérico de la realidad nacional que parece haber hecho crisis en estas últimas semanas con la inusitada eclosión del campo, que no he podido resistir la tentación de relacionarlo con el concepto cosmológico chino acerca de la “virtud” del Soberano, y el Tian-Ming o “Designio del Cielo”.

 Según la creencia ancestral china, el Soberano actúa como un intermediario entre la realidad terrena y las esferas celestes. En una cultura carente de una clase sacerdotal poderosa y organizada, como era la de la antigua China, la figura del Soberano adquiría una especial trascendencia, no sólo política, sino también mística. Él era el vínculo entre su pueblo, y el mundo superior presidido por Shang-Di, el supremo Creador. Siguiendo una clásica visión de las civilizaciones primitivas del Oriente, el gobernante en esta tierra era, al microcosmos de aquí abajo como el Creador lo era al Macrocosmos del mundo superior. De tal forma, se pensaba que reforzando su virtud personal, el Soberano actuaba directamente sobre la marcha de las estaciones como sobre el orden de la sociedad. Consecuencia inevitable de esto era que el relajamiento en sus deberes acarreaba (en la misma visión mística de las cosas) fatalmente perturbaciones meteorológicas y sociales. Los arúspices chinos verificaban mediante una serie de conjuntos atmosféricos agrupados de a ocho, y según cuáles se hallasen alterados, dónde radicaban determinadas falencias del gobernante. Así analizaban la lluvia, el calor, el viento, el frío, los desbordes o inundaciones, los sismos, etc. Al respecto, decía un observador occidental del siglo XIX: “…De aquí provienen estas sanciones, que asombran tanto al europeo, contra un funcionario en cuya circunscripción ha llovido a contratiempo, se ha cebado una tormenta, o ha caído una invasión de langostas (…) Una dinastía conserva el Tian-Ming (mandato del Cielo) en tanto que, por su conformidad con la moral celeste mantiene el control sobre el doble universo. Toda perturbación en uno de los sectores es interpretado como un signo de desorden en los otros…”

Continúa diciendo nuestro erudito sinólogo que “… Sin duda este sistema basado en semejanzas que nosotros juzgamos puramente simbólicas, puede parecer esotérico. Es, sin embargo, de un profundo realismo, porque se adapta a un mundo regido por los imperativos climáticos, y asegura los derechos de insurrección contra la tiranía o el abandono. Él contribuye igualmente a una depuración del pensamiento religioso, poniendo el acento sobre la importancia de un responsable supremo, tanto celeste como terrestre. Al Rey, detentador de la Virtud ordenadora en la Tierra, le corresponde el Soberano del Cielo, Shang-Di, ordenador supremo…”

Por supuesto que nosotros, hombres racionalistas del siglo XXI, podemos hacer una lectura mucho más sociológica de esas creencias ancestrales chinas. Por ejemplo, que las catástrofes naturales ponen de manifiesto las incurias y faltas de previsión de las administraciones. De allí que lo primero que hace un gobernante inteligente ante una catástrofe, es hacer acto de presencia, aún a riesgo físico personal, en el lugar del desastre, para agilizar y asegurarse de la más eficiente ayuda, y tratar de paliar los descuidos cometidos por su administración, en el caso de que los hubiera, supliéndolos con un rápido auxilio y con el contexto un tanto mágico de la proximidad física con los sufrientes.

Volviendo a las creencias chinas ancestrales, y en ese orden de pensamiento, también el Libro de los Cambios simboliza este rol mágico del gobernante como nexo entre lo alto y lo bajo.  Dice el I-Ching que “…El Soberano separa y perfecciona el curso del cielo y de la tierra, impulsa y ordena los dones del cielo y de la tierra apoyando la causa del pueblo…” (XI, trad. Wilhem)

Y entre las funciones cuasisacerdotales que atribuye al gobernante, tiene especial lugar la celebración del rito de unión frente al peligro de disgregación (XLV, LIX), rito que se cumple en el Templo de los Ancestros. A buen entendedor…

Chinos, Tibet, y JJ.OO.

abril 12, 2008

Por más que uno trate en lo posible de no desviarse de la temática central
propuesta en su blog, a veces los acontecimientos se vuelven tan imperiosos que
no pueden ser ignorados. Tal sucede con los episodios del Tibet, y la inevitable
represión china. Mi conocimiento del Tibet es mínimo, y se reduce a la lectura
de las memorias de algunos intrépidos viajeros de fines del siglo XIX y
comienzos del XX que, como Alejandra David Neel pudieron adentrarse en ese
territorio, a riesgo de sus vidas, ya que las fronteras del Tibet estaban
cerradas herméticamente a los extranjeros desde hacía siglos. después, claro
está, tengo la imagen del Dalai Lama y su magnética personalidad, toda paz y
equilibrio interior…al menos en las entrevistas concedidas. De modo que de los
tibetanos poco o nada puedo decir. Pero sí puedo decir algo acerca de la
sociología de las naciones.
Es que todas ellas gozan o padecen de mitos, determinismos, y fatalidades
históricas que las llevan a comportarse más o menos estereotipadamente a lo
largo de su historia, con una fatalidad que a veces recuerda a las tragedias
griegas. Los Estados Unidos, por ejemplo, viven intensamente el mito de las
extensas planicies, de la eterna marcha hacia el Oeste, de la conquista de los
territorios vírgenes con el Winchester en una mano y la Biblia en la otra, del
“sueño americano”, del “destino manifiesto”… y sufren los inconvenientes del
“vaquero justiciero”, que se transmuta fácilmente en los dementes armados que
provocan trágicos desparramos sangrientos en los campus universitarios, o los
pastores religiosos independientes que esquilman a su grey, cuando no la llevan
a un suicidio colectivo en Guyana. Amén de sus intervenciones a menudo tan
extemporáneas como desafortunadas en el Medio Oriente. Mas no creamos que los
argentinos nos libramos de los determinismos y fatalidades. También sufrimos
nuestros mitos caseros, como el del país inconmensurablemente e inagotablemente
rico, nuestra vocación de Estados Unidos de Sudamérica, “Dios es argentino”, el
país más europeo de Latinoamérica, etc. Y también sucumbimos periódicamente a la
triple fatalidad del caudillismo, el malón, y la montonera, fenómenos típicos
del siglo XIX que se trasmutan en el siglo XXI respectivamente en el
encumbramiento de logreros, en la tentación del saqueo y la intrusión a la menor
oportunidad de contar con la impunidad colectiva, y en el curioso fenómeno del
piqueterismo, que convierte en papel mojado a la Constitución y todas sus
garantías de libre tránsito por el territorio nacional…
Pues bien:  tampoco los chinos se libran de esos determinismos y fatalidades
históricas. Para ellos sigue vivo el concepto de ser el “País del Medio” (del
mundo, sobreentendido), que no otra cosa significa su nombre oficial.
“Zhong-guo”. Y el Imperio subyace, como siempre, en una nación que consideró
siempre como suyos  o vasallos los territorios del Asia continental
extremo-oriental.
Herencia de los grandes khanes mongoles, o del imperialismo chino del siglo
XVIII, lo mismo da: el Tibet es dependencia china, y así seguirá siendo
vivenciado por quienes gobiernen la antiquísima nación China, sean emperadores
celestes, manchúes, o capitostes rojos. Porque los chinos no serán nunca ni
republicanos democráticos, ni monárquicos, ni comunistas: serán siempre CHINOS.
Imaginarlos de otra manera es una imperdonable candidez occidental.
Esto no quiere decir, naturalmente, que la comunidad internacional deba
permanecer insensible al desarrollo de estas tragedias. Comprender
históricamente no significa que uno deba hacerse cómplice de violaciones a los
derechos humanos. Así lo deberían comprender también las autoridades chinas,
permitiendo a los medios informativos internacionales el ingreso irrestricto a
sus territorios, en cumplimiento de su misión específica. de lo contrario, serán
ellos mismos víctimas de otra de sus fatalidades históricas: el etnocentrismo, y
el espléndido aislamiento en torres de marfil.
Por lo demás, y “juris tantum”, me sumo al NO al boycott de los Juegos
Olímpicos.

Año Nuevo Chino en Buenos Aires dos: La mitad (o más) del relato que faltaba

febrero 14, 2008

Para los que se interesaron por las celebraciones del Año Nuevo Chino en esta benemérita ciudad de Buenos Aires, capital de las Provincias Unidas del Río de la Plata, sugiero que pulsen este vínculo (bueno, hombre, que clickeen este link) y vean el “post” del 11 de febrero. Con toda seguridad encontrarán allí todo el salero y el encanto que  faltaron en mi artículo al respecto. ¡Así se hacen crónicas!

Jóvenes en China

febrero 13, 2008

Son maravillosamente y envidiablemente jóvenes, mayoritariamente ibéricos, cibernautas, viven bastante acomodadamente en China, y parecen conservar una loable capacidad de discernimiento que los diferencia de aquellas giladas maoístas nuestras que conocí cuando estudiante universitario en mis años mozos en Buenos Aires. Al parecer son estudiantes de idioma chino, algunos quizá periodistas destinados en China. Escriben con gracia hispánica, aunque con un argot por momentos muy denso para los rioplatenses, y un acelerado discurso juvenil cercano a la hipomanía. Pero si el que los lee desde nuestras latitudes conserva el juicio crítico y sabe leer entre líneas, puede atisbar bastante de la realidad, vida cotidiana, hábitos y costumbres de la China actual.

Según me cuentan los que saben del ciberespacio, los “blogs” nacieron originariamente como una suerte de guía de rutas para navegar ciertos sitios temáticos de la Red, y que sólo después se convirtió en lo que es ahora, la “blogosfera”, una variopinta e inmensa colección de “posts”.  Así que yo también cuando encuentro algo que me parece interesante en mis divagaciones chinescas os lo pongo aquí, para que os entretengáis, porque dan una información de la ostia!  

¿Cuál China…?

febrero 11, 2008

Ha sido para mí una agradable sorpresa que mi “post” referido al Año Nuevo Chino en Buenos Aires haya tenido una tan amplia repercusión. Ese artículo nació, como bien dije, de una simple casualidad: yo estaba allí, por la mía, en el momento preciso, y en el lugar adecuado, nada más. De la misma forma que lo estaban la inefable Eugenia de Chikoff (siempre tan distinguida), Norma Aleandro, y otras figuras del Buenos Aires cultural a las que he visto otras veces paseando por esos barrios en estas fechas. Para completar la minicrónica simplemente pregunté, y obtuve la gentil ayuda de quienes cumplían allí su actividad profesional. En agradecimiento, mi apostilla fue breve, aséptica, esencialmente gráfica, gracias a la humilde Kodak que suele acompañarme en mis bolsillos. Es más: a fuer de sincero, les confieso que  incorporé ese “post” como un intervalo, para que no decayese mi blog mientras iba preparando algún artículo de fondo. No me imaginé que alcanzaría mi mayor estadística del mes, ni que recibiría comentarios tan alhagadores.

Pero como a través de mi casilla en sinaruspica@yahoo.es , o a través de otros blogs  me llegan también expresas o tácitas inquietudes acerca de cuál es “mi” China, aquí les respondo en forma clara y definitoria. Parafraseando a Facundo Cabral, “mi” China no es de aquí, ni es de allá, no tiene edad ni porvenir…”. Está situada en una dimensión ahistórica, en la que el pasado, el presente y el futuro se funden en una entidad metafísica. Mi China es una vivencia intelectual, que no tiene obligaciones ni vínculos de dependencia o compromiso material o moral con la China continental o la China insular. Del I-Ching he aprendido a mirar las antinomias políticas sub specie aeternitatis y, por otra parte la vida me ha enseñado a no ser nunca más papista que el Papa.  A quienes, como “Eduardo J.” y “Rosal79″ me sugieren que aclare cuál es mi visión de las Chinas, les respondo que miren con atención, y verán que ciertos publicitados enfrentamientos tienen bastante de evoluciones de tigres de papel en una ópera china. Ambas partes involucradas saben perfectamente qué sucederá en la dimensión tiempo; simplemente amagan y giran, y entran y salen del escenario para ir definiendo el cómo y el cuándo, que son lo verdaderamente inquietante para ellas. Mientras, se toman tooodo el tieeempo necesaaario, como auténticos y pacientes chinos.

En cuanto a mí concierne…¿Yo?…argentino.  

Vincenzo Caballero 

Año Nuevo Chino 4706 (2008d.C.)

febrero 5, 2008

Con motivo de la proximidad del Año Nuevo chino, que se inicia con la luna nueva del 7 de febrero este año cristiano de 2008, he creído de interés aportarles algunos datos referentes a estas festividades.

Cuando hablamos del año nuevo chino, de inmediato nos viene a la mente la imagen de la danza del Dragón, infaltable cliché de todo folleto turístico. Sin duda este espectáculo popular concita gran interés, sobre todo en China misma, o en las Chinatowns de las grandes ciudades de la diáspora de ultramar. Cuando es realizada por gran número de bailarines entrenados, los ondulantes movimientos del Dragón en persecución de la perla mágica, y el rítmico percutir de los tambores y címbalos, tienen un particular encanto, que se suma al ambiente de feria que rodea este acontecimiento, constituyendo el plato fuerte del día, y el objetivo fotográfico de todas las cámaras. Pero, al igual que sucede en occidente con los pesebres vivientes, o los Papá Noel montados en carrozas tiradas por renos, el pintoresquismo popular no debe hacernos olvidar que la auténtica celebración tiene lugar de una manera mucho más íntima y familiar, aunque esta fiesta pueda luego desbordar en parte al vecindario y las calles. Siendo los chinos tan familieros, naturalmente es en la casa y en la familia extendida que tienen lugar las ceremonias más significativas e íntimas que buscan dar un significado simbólico a las fechas, que imprima una personal vivencia que ayude a emprender con buen ánimo y esperanzas el año entrante. Es de estas pequeñas y hogareñas ceremonias de la China tradicional que quiero volcar algunos datos en estas páginas de blog. Pero antes una advertencia: es tan extensa, tan poblada China, y tantos sus grupos étnicos, que no ha habido viajero que no describiese su propia versión de esas ceremonias. Sólo recorriendo la web podemos llegar a marearnos con tantas aportaciones, quedando con esa impresión de confusión y abigarramiento que suele acompañar la visión occidental de lo chino. Por eso, he preferido tomar sólo algunos pocos datos de la enjundiosa enciclopedia de las creencias y costumbres chinas compilada en inglés por V.R.Burkhardt en el primer cuarto del siglo pasado, que traduzco a continuación, en  el entendimiento de que bastará para dar una idea intuitiva de lo que es la pluralidad de creencias y ceremonias en ese multitudinario país.

“(…) Durante la festividad del Año Nuevo, ningún implemento cortante, como podría ser un cuchillo , o tijeras, puede usarse en la casa, de modo que toda la comida se prepara y se deja lista para la mesa en los días precedentes. Entre parientes y amigos se intercambian regalos. En el Norte, los regalos acostumbrados entre amigos y conocidos consisten en ropa, aunque obsequiar alimentos es la manifestación universal de buenos deseos. En este caso las reglas de cortesía tradicionales indican que no todo el contenido de la cesta debe ser aceptado, sino que una parte debe devolverse, como indicación de que el obsequio ha sido demasiado generoso. Así, un pato se cortará en dos, y entonces el obsequiante quedará en libertad de enviar el remanente a algún allegado de menor importancia. En todos los casos el mensajero debe ser recompensado, y se debe colocar “Dinero de la Suerte” (monedas o billetes simbólicos que pueden tener valor circulatorio o no, o mascotas de la suerte: NdelT)  en el recipiente que contenía el regalo. El Dinero de la Suerte es envuelto en unos envoltorios de color rojo con caracteres dorados, que generalmente dibujan el “doble shi” (felicidad matrimonial), y los caracteres “dà-jí” (¡buena fortuna!) y “dà-lì” (¡gran provecho!). El diseño pictórico incluye el durazno y el pino, símbolos de longevidad, y el pez carpa, símbolo del éxito logrado por el esfuerzo y la perseverancia. En el Sur, el ciprés es a menudo usado también.

El primer día del año nuevo, o al menos  la mañana, se pasa en familia puertas adentro de la casa. Todos se afanan en los quehaceres domésticos, y la festividad viene a reforzar el concepto chino de la integración y dependencia del individuo hacia la estructura familiar. (Los chinos han estado siempre acostumbrados a sobrellevar obligaciones sin correlativos derechos, mientras que el mundo occidental tiende a marchar hacia el otro extremo).

Durante los primeros cinco días del año nuevo se supone que las mujeres han de permanecer en casa, a la vez que los hombres van de visita a lo de sus parientes y amigos, deseándoles los buenos augurios de estas fechas. A la tarde del primer día del año hay una gran venta de imágenes pictóricas del dios de la Riqueza, cuyo cumpleaños se celebra al día siguiente. En la mañana del segundo día, la imagen en papel del viejo dios es quemada en el patio de la casa o en la calle, y se instala una nueva imagen acompañada de incienso y petardeos.  También se le hacen ofrendas, de acuerdo con las posibilidades de la familia. Cuando la ofrenda se coloca delante de la imagen se enciende una copa de aguardiente, y el cabeza de familia hace la triple reverencia ritual.

Como China depende tanto de la agricultura, la suerte de los animales domésticos preocupa especialmente a sus dueños, y los diez primeros días del año están dedicados a recordarlos como si se tratara de sus cumpleaños. Si el tiempo es bello, sin vientos ni lluvias, se considera que será benéfico para el ganado y las aves de corral y demás animales domésticos. Así, el primer día del año está dedicado a las gallináceas, el segundo a los perros, el tercero a los cerdos, y el cuarto a los patos. El ganado vacuno tiene su “cumpleaños” el día quinto, y los caballos el sexto. El año será bueno o malo para los seres humanos según cómo se presente el séptimo día. El arroz y los cereales son celebrados el día octavo, mientras que el destino de las frutas y vegetales dependerá del noveno. El trigo y la cebada seguirán los auspicios del décimo día.

Muy temprano, en la mañana del sexto día, los mercaderes y comerciantes madrugan para rendir homenaje a todos los dioses, ejercicio vicario que les asegura que no sea omitido ningún dios que pudiera indisponerse por ello. Se los representa como figuras doradas sobre papel amarillo, y la pintura se compra el último día del año viejo, siendo venerada durante los cinco primeros días del Año Nuevo. La mañana del sexto, es llevada a las calles, y quemada junto con humos de incienso y fuegos de cohetería. Cuando el último petardo se ha extinguido, se abren las puertas de las tiendas, y la actividad se reanuda en los negocios.

En los tiempos modernos esta antigua costumbre no es tan rigurosamente cumplida, y la mayoría de las tiendas no quedan cerradas por el período de los cinco primeros días del año, aunque algunos negocios prósperos pueden darse ese lujo.

Se supone que las estrellas ejercen influencia sobre la vida de los hombres, por lo que no es de sorprender que sean honradas también en los albores de cada año. Durante su tercera aparición del año nuevo, se coloca un altar en el patio, mirando al norte, con dos imágenes pintadas que representan los dioses estelares, y las constelaciones. El amo de casa primero venera el conjunto de estrellas, y luego lo hace con el dios particular que preside su propio cumpleaños. Tres a cinco cuencos de arroz, cocinados con harina y azúcar constituyen la ofrenda, y ciento ocho lamparillas con papel rojo y amarillo son encendidas mientras el pater familias realiza sus prosternaciones. Las lamparillas se consumen en unos minutos, y entonces los niños de la familia a su vez encienden tres de ellas delante de su estrella particular, considerándose tanto mejor augurio del año cuanto más dura la llama.

Las mujeres están eximidas de las ceremonias de veneración, pero participan en la consumición de las ofrendas. (…)” 

008.jpg   (“Dinero de la Suerte”: la leyenda de los cuatro caracteres zhao jin cai bao puede traducirse como: ¡Que entre la riqueza en (mis) arcas!)

Año Nuevo Chino 4706 en Buenos Aires (2008 d.C.)

febrero 4, 2008

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Si bien el objetivo de este blog no está en la línea de los eventos sociales, una feliz coincidencia me pone en condiciones de hacer un poco el periodista sin serlo, y relatarles la celebración del Año Nuevo Chino en Buenos Aires. Doble casual circunstancia: la de encontrarme en el lugar indicado en el momento preciso, y la de haberme beneficiado con la cordial ayuda del Sr. Eugenio Dimier, Director de Comunicación de “B&D Comunicación” para contactarme con quien pudo darme los detalles precisos respecto de las personalidades oficiales presentes. Encontrábame yo almorzando en un conocido restaurante étnico de la calle Arribeños, desde donde pude obtener las fotografías que anteceden.

Este domingo, 3 de febrero de 2008, adelantándose un poco a la fecha de la luna nueva del próximo jueves, se llevó a cabo la típica celebración del Año Nuevo chino en el llamado “barrio chino” de las barrancas de Belgrano.

Esta vez, como novedad destacable, la celebración contó con la presencia del  Embajador de la República Popular China, Sr. Zeng Gang y su Sra. esposa, Liu Linge, significando la comunidad espiritual con la  población china de ultramar afincada en nuestro país. Sus palabras destacaron el sentido tradicional atribuído a la “Rata de fuego” que preside en la mitología popular este año, y poniendo énfasis en la positiva contribución del trabajo de la comunidad china en el quehacer cotidiano de nuestra sociedad porteña, y su expresión de deseo de un cada vez mayor acercamiento de culturas en esta ciudad tan ampliamente cosmopolita y de abierto espíritu cultural que es Buenos Aires. Seguidamente, el Sr. Subsecretario de Turismo  de la ciudad, Rodrigo Herrera Bravo, pronunció una breve introducción al acto, anticipándonos que en corto tiempo esta pequeña área de la Ciudad podrá contar, como innegable atractivo turístico, con un auténtico portal chino, como puede verse en los barrios con significativa presencia de la colectividad china en otras partes del mundo. Este monumento a la participación china en nuestra vida social será una donación de la República China, donde está siendo construído.

Acto seguido, ambas personalidades dieron inicio a los espectáculos, con la ceremonia de apertura de los ojos del Dragón, luego de la cual éste puede iniciar su tradicional danza en busca de la perla mágica, fecundando con su energía la tierra, y llevando la buena fortuna a los negocios que visita.

Aprovecho entonces yo también para desearles a todos Uds., que me siguen en este blog, que el paso del Dragón les traiga un año afortunado y fecundo.

Borges, “El jardín de los senderos que se bifurcan”, y el I-Ching

enero 22, 2008

(…)”“El tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros (…)” 

Hoy me ha pasado una cosa curiosa. Releía un ensayo de Jonathan Spence acerca de la visión occidental sobre China a lo largo del tiempo, cuando tropecé con una referencia al cuento de Jorge Luis Borges titulado “El jardín de los senderos que se bifurcan”, contenido en sus “Ficciones” (1944). Como la literatura latinoamericana nunca ha sido mi fuerte, hice lo que hacemos muchos: buscar refrescar conocimientos en la “web”. Y héte aquí que, ¡afortunada coincidencia!, alguien transcribió ese cuento en una página, precisamente hoy. Hecho “sincrónico” que me ha permitido reencontrarme con  ese texto, ya prácticamente olvidado desde mis lecturas adolescentes, y sacar novedosas conclusiones frente a él. Si ayer me parecía un ingenioso cuento corto, de índole policial, hoy toma otro cariz absolutamente diferente.

Hoy me parece una magnífica metáfora de las infinitas posibilidades que abre a cada momento el Destino, y de cómo una decisión dada, buena o mala, vuelve a bifurcar nuestro destino una y otra vez, proponiendo otras tantas posibilidades a nuestro libre albedrío. Y esto me lleva a pensar cómo el Libro de las Mutaciones, al inspirarnos una resolución -que entendemos será siempre positiva para nuestra conveniencia-, puede contribuír a diseñar el plano de evolución temporal más adecuado para nuestra razón de existir en esta Tierra.

Por eso los invito en esta oportunidad a que se reencuentren ustedes también con esta pequeña joyita salida de la pluma de Borges, leyéndola en esa página (y disculpando los errores de copiado dactilográfico que se  han deslizado allí).

Que pasen una agradable lectura.


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