(…)”“El tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros (…)”
Hoy me ha pasado una cosa curiosa. Releía un ensayo de Jonathan Spence acerca de la visión occidental sobre China a lo largo del tiempo, cuando tropecé con una referencia al cuento de Jorge Luis Borges titulado “El jardín de los senderos que se bifurcan”, contenido en sus “Ficciones” (1944). Como la literatura latinoamericana nunca ha sido mi fuerte, hice lo que hacemos muchos: buscar refrescar conocimientos en la “web”. Y héte aquí que, ¡afortunada coincidencia!, alguien transcribió ese cuento en una página, precisamente hoy. Hecho “sincrónico” que me ha permitido reencontrarme con ese texto, ya prácticamente olvidado desde mis lecturas adolescentes, y sacar novedosas conclusiones frente a él. Si ayer me parecía un ingenioso cuento corto, de índole policial, hoy toma otro cariz absolutamente diferente.
Hoy me parece una magnífica metáfora de las infinitas posibilidades que abre a cada momento el Destino, y de cómo una decisión dada, buena o mala, vuelve a bifurcar nuestro destino una y otra vez, proponiendo otras tantas posibilidades a nuestro libre albedrío. Y esto me lleva a pensar cómo el Libro de las Mutaciones, al inspirarnos una resolución -que entendemos será siempre positiva para nuestra conveniencia-, puede contribuír a diseñar el plano de evolución temporal más adecuado para nuestra razón de existir en esta Tierra.
Por eso los invito en esta oportunidad a que se reencuentren ustedes también con esta pequeña joyita salida de la pluma de Borges, leyéndola en esa página (y disculpando los errores de copiado dactilográfico que se han deslizado allí).
Que pasen una agradable lectura.