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Año Nuevo Chino 4706 (2008d.C.)

febrero 5, 2008

Con motivo de la proximidad del Año Nuevo chino, que se inicia con la luna nueva del 7 de febrero este año cristiano de 2008, he creído de interés aportarles algunos datos referentes a estas festividades.

Cuando hablamos del año nuevo chino, de inmediato nos viene a la mente la imagen de la danza del Dragón, infaltable cliché de todo folleto turístico. Sin duda este espectáculo popular concita gran interés, sobre todo en China misma, o en las Chinatowns de las grandes ciudades de la diáspora de ultramar. Cuando es realizada por gran número de bailarines entrenados, los ondulantes movimientos del Dragón en persecución de la perla mágica, y el rítmico percutir de los tambores y címbalos, tienen un particular encanto, que se suma al ambiente de feria que rodea este acontecimiento, constituyendo el plato fuerte del día, y el objetivo fotográfico de todas las cámaras. Pero, al igual que sucede en occidente con los pesebres vivientes, o los Papá Noel montados en carrozas tiradas por renos, el pintoresquismo popular no debe hacernos olvidar que la auténtica celebración tiene lugar de una manera mucho más íntima y familiar, aunque esta fiesta pueda luego desbordar en parte al vecindario y las calles. Siendo los chinos tan familieros, naturalmente es en la casa y en la familia extendida que tienen lugar las ceremonias más significativas e íntimas que buscan dar un significado simbólico a las fechas, que imprima una personal vivencia que ayude a emprender con buen ánimo y esperanzas el año entrante. Es de estas pequeñas y hogareñas ceremonias de la China tradicional que quiero volcar algunos datos en estas páginas de blog. Pero antes una advertencia: es tan extensa, tan poblada China, y tantos sus grupos étnicos, que no ha habido viajero que no describiese su propia versión de esas ceremonias. Sólo recorriendo la web podemos llegar a marearnos con tantas aportaciones, quedando con esa impresión de confusión y abigarramiento que suele acompañar la visión occidental de lo chino. Por eso, he preferido tomar sólo algunos pocos datos de la enjundiosa enciclopedia de las creencias y costumbres chinas compilada en inglés por V.R.Burkhardt en el primer cuarto del siglo pasado, que traduzco a continuación, en  el entendimiento de que bastará para dar una idea intuitiva de lo que es la pluralidad de creencias y ceremonias en ese multitudinario país.

“(…) Durante la festividad del Año Nuevo, ningún implemento cortante, como podría ser un cuchillo , o tijeras, puede usarse en la casa, de modo que toda la comida se prepara y se deja lista para la mesa en los días precedentes. Entre parientes y amigos se intercambian regalos. En el Norte, los regalos acostumbrados entre amigos y conocidos consisten en ropa, aunque obsequiar alimentos es la manifestación universal de buenos deseos. En este caso las reglas de cortesía tradicionales indican que no todo el contenido de la cesta debe ser aceptado, sino que una parte debe devolverse, como indicación de que el obsequio ha sido demasiado generoso. Así, un pato se cortará en dos, y entonces el obsequiante quedará en libertad de enviar el remanente a algún allegado de menor importancia. En todos los casos el mensajero debe ser recompensado, y se debe colocar “Dinero de la Suerte” (monedas o billetes simbólicos que pueden tener valor circulatorio o no, o mascotas de la suerte: NdelT)  en el recipiente que contenía el regalo. El Dinero de la Suerte es envuelto en unos envoltorios de color rojo con caracteres dorados, que generalmente dibujan el “doble shi” (felicidad matrimonial), y los caracteres “dà-jí” (¡buena fortuna!) y “dà-lì” (¡gran provecho!). El diseño pictórico incluye el durazno y el pino, símbolos de longevidad, y el pez carpa, símbolo del éxito logrado por el esfuerzo y la perseverancia. En el Sur, el ciprés es a menudo usado también.

El primer día del año nuevo, o al menos  la mañana, se pasa en familia puertas adentro de la casa. Todos se afanan en los quehaceres domésticos, y la festividad viene a reforzar el concepto chino de la integración y dependencia del individuo hacia la estructura familiar. (Los chinos han estado siempre acostumbrados a sobrellevar obligaciones sin correlativos derechos, mientras que el mundo occidental tiende a marchar hacia el otro extremo).

Durante los primeros cinco días del año nuevo se supone que las mujeres han de permanecer en casa, a la vez que los hombres van de visita a lo de sus parientes y amigos, deseándoles los buenos augurios de estas fechas. A la tarde del primer día del año hay una gran venta de imágenes pictóricas del dios de la Riqueza, cuyo cumpleaños se celebra al día siguiente. En la mañana del segundo día, la imagen en papel del viejo dios es quemada en el patio de la casa o en la calle, y se instala una nueva imagen acompañada de incienso y petardeos.  También se le hacen ofrendas, de acuerdo con las posibilidades de la familia. Cuando la ofrenda se coloca delante de la imagen se enciende una copa de aguardiente, y el cabeza de familia hace la triple reverencia ritual.

Como China depende tanto de la agricultura, la suerte de los animales domésticos preocupa especialmente a sus dueños, y los diez primeros días del año están dedicados a recordarlos como si se tratara de sus cumpleaños. Si el tiempo es bello, sin vientos ni lluvias, se considera que será benéfico para el ganado y las aves de corral y demás animales domésticos. Así, el primer día del año está dedicado a las gallináceas, el segundo a los perros, el tercero a los cerdos, y el cuarto a los patos. El ganado vacuno tiene su “cumpleaños” el día quinto, y los caballos el sexto. El año será bueno o malo para los seres humanos según cómo se presente el séptimo día. El arroz y los cereales son celebrados el día octavo, mientras que el destino de las frutas y vegetales dependerá del noveno. El trigo y la cebada seguirán los auspicios del décimo día.

Muy temprano, en la mañana del sexto día, los mercaderes y comerciantes madrugan para rendir homenaje a todos los dioses, ejercicio vicario que les asegura que no sea omitido ningún dios que pudiera indisponerse por ello. Se los representa como figuras doradas sobre papel amarillo, y la pintura se compra el último día del año viejo, siendo venerada durante los cinco primeros días del Año Nuevo. La mañana del sexto, es llevada a las calles, y quemada junto con humos de incienso y fuegos de cohetería. Cuando el último petardo se ha extinguido, se abren las puertas de las tiendas, y la actividad se reanuda en los negocios.

En los tiempos modernos esta antigua costumbre no es tan rigurosamente cumplida, y la mayoría de las tiendas no quedan cerradas por el período de los cinco primeros días del año, aunque algunos negocios prósperos pueden darse ese lujo.

Se supone que las estrellas ejercen influencia sobre la vida de los hombres, por lo que no es de sorprender que sean honradas también en los albores de cada año. Durante su tercera aparición del año nuevo, se coloca un altar en el patio, mirando al norte, con dos imágenes pintadas que representan los dioses estelares, y las constelaciones. El amo de casa primero venera el conjunto de estrellas, y luego lo hace con el dios particular que preside su propio cumpleaños. Tres a cinco cuencos de arroz, cocinados con harina y azúcar constituyen la ofrenda, y ciento ocho lamparillas con papel rojo y amarillo son encendidas mientras el pater familias realiza sus prosternaciones. Las lamparillas se consumen en unos minutos, y entonces los niños de la familia a su vez encienden tres de ellas delante de su estrella particular, considerándose tanto mejor augurio del año cuanto más dura la llama.

Las mujeres están eximidas de las ceremonias de veneración, pero participan en la consumición de las ofrendas. (…)” 

008.jpg   (“Dinero de la Suerte”: la leyenda de los cuatro caracteres zhao jin cai bao puede traducirse como: ¡Que entre la riqueza en (mis) arcas!)

Ser y no-ser del I-Ching

enero 9, 2008

Entre las falsas ideas populares que se forjan sobre el I-Ching, -y que constituyen el sustrato tanto de ciertas críticas ignorantes como de algunas credulidades ingenuas-, se cuenta la de que el Libro de los Cambios sería una religión o culto, o un texto sagrado, o un oráculo mágico y puramente adivinatorio.

La primera creencia errónea tuvo lugar allá por la década de los ’60s., cuando una oleada de orientalismo mal digerido llevó a bandadas jóvenes por los polvorientos caminos del Asia en busca de esotéricas revelaciones negadas a una Europa todavía levantándose de sus ruinas de postguerra, o de una Norteamérica recostada demasiado autocomplacientemente en sus electrodomésticos, sus autazos de ocho cilindros, y su american way of life. Por entonces, el Libro se vio ocasionalmente mezclado con experiencias psicodélicas en las que el arquetipo del Gran Hombre venía a convertirse en una suerte de demiurgo que se desplazaba en las esferas celestiales y traía las voces del más allá. Consecuentemente, el I-Ching vino a considerarse como un texto sagrado, y los hermetismos de su lenguaje como una especie de lengua sagrada sólo accesible a los iniciados. Los menos crédulos de entre esos “iniciados” no vacilaron en calificarlo como un oráculo de infalibles dotes adivinatorias. Proliferaron las exégesis en una jerga hermética, capaces, como suele suceder en estos casos, de llegar a la incoherencia más delirante. Afortunadamente, poco a poco primó la cordura, y de la mano de las disciplinas históricas y sociales, la psicología profunda, y la parapsicología científica, las cosas fueron tomando su cauce. Hoy, pasado ese breve pero intenso período de confusión, nos encontramos en condiciones de definir qué es realmente el I-Ching.

Podemos afirmar que el I-Ching es un verdadero compendio de la filosofía pragmática de la antigua China; pero con la ventaja de que se actualiza dinámicamente, a través del juego parapsicológico con el consultante. De esta forma se convierte, a través de la consulta, en un “libro sapiencial”, capaz de generarnos la sensación de que ha captado nuestro problema, y ha pronunciado una reflexión coherente, o un consejo atinado.

También el Libro de los Cambios puede usarse como mancia predictiva, es decir, como un mecanismo que relaciona “sincrónicamente” un estado mental del consultante con aspectos ocultos o aún desarticulados de la realidad, para dar una resultante que apunta a la previsión de las consecuencias probables de la acción: una suerte de “programa” prospectivo. Ni más ni menos que el más afinado de los programas computables en futurología, pero con la profundidad y alcances de millones de años de inconsciente colectivo hechos materia en el protoplasma viviente. El I-Ching logra contactarnos con un plano suprapsíquico, que algunos podrán suponer coincidente con el “inconsciente colectivo“, y otros con un “supraconsciente”: en suma, una dimensión aún no explorada de la mente humana, que no por inmensurable deja de ser real. Simplemente ocurre que, hoy por hoy, no podemos medirla: sólo comprobarla indirectamente a través de fenómenos parapsicológicos ya incuestionables, como la precognición.

Y como el I-Ching tiene para todos los gustos, también resulta ser un extraordinario movilizador de la creatividad individual. Si recorremos las páginas de arte moderno, veremos que muchos artistas plásticos han encontrado motivo en sus hexagramas, como en una suerte de caleidoscopio psíquico.

Se cuenta que nuestro Jorge Luis Borges gustaba de hojear sus páginas, deteniéndose al azar en alguna de ellas, para encontrar lúdico placer en sus sugerencias. Amante como era de la utopía de  las bibliotecas universales, ¿cómo no iba a estimar esta suerte de Libro universal?…

mail to: sinaruspica@yahoo.es


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