Con motivo de la proximidad del Año Nuevo chino, que se inicia con la luna nueva del 7 de febrero este año cristiano de 2008, he creído de interés aportarles algunos datos referentes a estas festividades.
Cuando hablamos del año nuevo chino, de inmediato nos viene a la mente la imagen de la danza del Dragón, infaltable cliché de todo folleto turístico. Sin duda este espectáculo popular concita gran interés, sobre todo en China misma, o en las Chinatowns de las grandes ciudades de la diáspora de ultramar. Cuando es realizada por gran número de bailarines entrenados, los ondulantes movimientos del Dragón en persecución de la perla mágica, y el rítmico percutir de los tambores y címbalos, tienen un particular encanto, que se suma al ambiente de feria que rodea este acontecimiento, constituyendo el plato fuerte del día, y el objetivo fotográfico de todas las cámaras. Pero, al igual que sucede en occidente con los pesebres vivientes, o los Papá Noel montados en carrozas tiradas por renos, el pintoresquismo popular no debe hacernos olvidar que la auténtica celebración tiene lugar de una manera mucho más íntima y familiar, aunque esta fiesta pueda luego desbordar en parte al vecindario y las calles. Siendo los chinos tan familieros, naturalmente es en la casa y en la familia extendida que tienen lugar las ceremonias más significativas e íntimas que buscan dar un significado simbólico a las fechas, que imprima una personal vivencia que ayude a emprender con buen ánimo y esperanzas el año entrante. Es de estas pequeñas y hogareñas ceremonias de la China tradicional que quiero volcar algunos datos en estas páginas de blog. Pero antes una advertencia: es tan extensa, tan poblada China, y tantos sus grupos étnicos, que no ha habido viajero que no describiese su propia versión de esas ceremonias. Sólo recorriendo la web podemos llegar a marearnos con tantas aportaciones, quedando con esa impresión de confusión y abigarramiento que suele acompañar la visión occidental de lo chino. Por eso, he preferido tomar sólo algunos pocos datos de la enjundiosa enciclopedia de las creencias y costumbres chinas compilada en inglés por V.R.Burkhardt en el primer cuarto del siglo pasado, que traduzco a continuación, en el entendimiento de que bastará para dar una idea intuitiva de lo que es la pluralidad de creencias y ceremonias en ese multitudinario país.
“(…) Durante la festividad del Año Nuevo, ningún implemento cortante, como podría ser un cuchillo , o tijeras, puede usarse en la casa, de modo que toda la comida se prepara y se deja lista para la mesa en los días precedentes. Entre parientes y amigos se intercambian regalos. En el Norte, los regalos acostumbrados entre amigos y conocidos consisten en ropa, aunque obsequiar alimentos es la manifestación universal de buenos deseos. En este caso las reglas de cortesía tradicionales indican que no todo el contenido de la cesta debe ser aceptado, sino que una parte debe devolverse, como indicación de que el obsequio ha sido demasiado generoso. Así, un pato se cortará en dos, y entonces el obsequiante quedará en libertad de enviar el remanente a algún allegado de menor importancia. En todos los casos el mensajero debe ser recompensado, y se debe colocar “Dinero de la Suerte” (monedas o billetes simbólicos que pueden tener valor circulatorio o no, o mascotas de la suerte: NdelT) en el recipiente que contenía el regalo. El Dinero de la Suerte es envuelto en unos envoltorios de color rojo con caracteres dorados, que generalmente dibujan el “doble shi” (felicidad matrimonial), y los caracteres “dà-jí” (¡buena fortuna!) y “dà-lì” (¡gran provecho!). El diseño pictórico incluye el durazno y el pino, símbolos de longevidad, y el pez carpa, símbolo del éxito logrado por el esfuerzo y la perseverancia. En el Sur, el ciprés es a menudo usado también.
El primer día del año nuevo, o al menos la mañana, se pasa en familia puertas adentro de la casa. Todos se afanan en los quehaceres domésticos, y la festividad viene a reforzar el concepto chino de la integración y dependencia del individuo hacia la estructura familiar. (Los chinos han estado siempre acostumbrados a sobrellevar obligaciones sin correlativos derechos, mientras que el mundo occidental tiende a marchar hacia el otro extremo).
Durante los primeros cinco días del año nuevo se supone que las mujeres han de permanecer en casa, a la vez que los hombres van de visita a lo de sus parientes y amigos, deseándoles los buenos augurios de estas fechas. A la tarde del primer día del año hay una gran venta de imágenes pictóricas del dios de la Riqueza, cuyo cumpleaños se celebra al día siguiente. En la mañana del segundo día, la imagen en papel del viejo dios es quemada en el patio de la casa o en la calle, y se instala una nueva imagen acompañada de incienso y petardeos. También se le hacen ofrendas, de acuerdo con las posibilidades de la familia. Cuando la ofrenda se coloca delante de la imagen se enciende una copa de aguardiente, y el cabeza de familia hace la triple reverencia ritual.
Como China depende tanto de la agricultura, la suerte de los animales domésticos preocupa especialmente a sus dueños, y los diez primeros días del año están dedicados a recordarlos como si se tratara de sus cumpleaños. Si el tiempo es bello, sin vientos ni lluvias, se considera que será benéfico para el ganado y las aves de corral y demás animales domésticos. Así, el primer día del año está dedicado a las gallináceas, el segundo a los perros, el tercero a los cerdos, y el cuarto a los patos. El ganado vacuno tiene su “cumpleaños” el día quinto, y los caballos el sexto. El año será bueno o malo para los seres humanos según cómo se presente el séptimo día. El arroz y los cereales son celebrados el día octavo, mientras que el destino de las frutas y vegetales dependerá del noveno. El trigo y la cebada seguirán los auspicios del décimo día.
Muy temprano, en la mañana del sexto día, los mercaderes y comerciantes madrugan para rendir homenaje a todos los dioses, ejercicio vicario que les asegura que no sea omitido ningún dios que pudiera indisponerse por ello. Se los representa como figuras doradas sobre papel amarillo, y la pintura se compra el último día del año viejo, siendo venerada durante los cinco primeros días del Año Nuevo. La mañana del sexto, es llevada a las calles, y quemada junto con humos de incienso y fuegos de cohetería. Cuando el último petardo se ha extinguido, se abren las puertas de las tiendas, y la actividad se reanuda en los negocios.
En los tiempos modernos esta antigua costumbre no es tan rigurosamente cumplida, y la mayoría de las tiendas no quedan cerradas por el período de los cinco primeros días del año, aunque algunos negocios prósperos pueden darse ese lujo.
Se supone que las estrellas ejercen influencia sobre la vida de los hombres, por lo que no es de sorprender que sean honradas también en los albores de cada año. Durante su tercera aparición del año nuevo, se coloca un altar en el patio, mirando al norte, con dos imágenes pintadas que representan los dioses estelares, y las constelaciones. El amo de casa primero venera el conjunto de estrellas, y luego lo hace con el dios particular que preside su propio cumpleaños. Tres a cinco cuencos de arroz, cocinados con harina y azúcar constituyen la ofrenda, y ciento ocho lamparillas con papel rojo y amarillo son encendidas mientras el pater familias realiza sus prosternaciones. Las lamparillas se consumen en unos minutos, y entonces los niños de la familia a su vez encienden tres de ellas delante de su estrella particular, considerándose tanto mejor augurio del año cuanto más dura la llama.
Las mujeres están eximidas de las ceremonias de veneración, pero participan en la consumición de las ofrendas. (…)”
(“Dinero de la Suerte”: la leyenda de los cuatro caracteres zhao jin cai bao puede traducirse como: ¡Que entre la riqueza en (mis) arcas!)